-No tiene que acabarse -protesté.
-Pero se acabará -proclamó-. Sé que podemos cartearnos y hablar por teléfono de vez en cuando, y que podríamos vernos cuando estés de permiso. Pero no será lo mismo. No podré ver tus expresiones tan divertidas. No podremos tumbarnos en la playa juntos a mirar las estrellas. No podremos sentarnos uno al lado del otro y hablar y compartir secretos. Y no podré sentir tu brazo alrededor de mi cintura, como ahora.
Me di la vuelta, sintiendo una emergente sensación de frustración y pánico. Todo aquello era cierto.
Querido John
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