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Cenamos, bebimos, nos tomamos un café,
bailamos, reimos, jugamos, miramos, y te vi.
entonces aquella noche ya no pude parar de pensar en ti. El café me provocó insomnio y el insomnio me llevo a recorrer mentalmente la silueta de tu cara, rozar con el dorso de mi mano las tuyas y acariciarte el pelo (como siempre) revuelto.
Te eché de menos mientras me hacía la dormida.
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