El muro donde nos soliamos sentar no era muy alto, más bien bajito, suficiente para que todas pudiéramos alcanzarlo.
Era como un símbolo de nuestra amistad: todas podíamos alcanzarla, contar con ella; sentarnos, disfrutarla; bajarnos, marchar cuando quisiéramos...;
estaba escrito con nuestros nombres, gravados con cariño, un poco sucio y roto por el paso de los años, y mágico para mí, porque hacía que me imaginara que alguno de nuestros padres o abuelos antes ya habían pasado tardes y amaneceres subidos a aquel muro tan especial.
Te podías ir de ese muro,eres libre,podías ir a otros muros, pero si te vas cuando vuelvas no intentes ni te engañes pensando que todo está bien, que la distancia de esos días sin estar no porque no lo estará,todo está fuera de control lo único que puedes controlar son tus propias decisiones ..Ése muro construido con todos los momentos vividos, construido con mentiras, verdades, sonrisas, risas, tardes, amaneceres, peleas…reconciliaciones, lágrimas... Pero sabes, no quiero que te vayas de mi muro, hoy no.
RépondreSupprimer