Podía imaginarse historias y aventuras sobre la gente y casas que veía pasar. Se imaginaba a ella misma allí. ¿Cómo sería su vida? Lejos de su gran ciudad, del tráfico, del caos, de la contaminación, de sus adoradas amigas...
Entonces llegaba la parte del día que le gustaba más, cuando el sol empezaba a esconderse tras las colinas y los montes, cuando los rayos anaranjados parecían más cálidos que nunca y la iluminaban perpendicularmente con una luz nueva.
El cielo empezaba a teñirse de rojo fuego y de violetas (que tanto le recordaban a él).
Era su momento del día, se volvía nostálgica sin querer ( Y a veces, lágrimas perdidas asomaban a sus ojitos).
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